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Abrazar también educa: límites con cariño en la crianza diaria
Dra. Mariela Chavarría Montero ·

Hay momentos de crianza que se sienten muy simples y muy grandes a la vez: un abrazo en la cocina, un beso después de un llanto, una mirada que le dice a tu hijo: “estoy aquí”. Muchas familias me preguntan si consolar, abrazar o hablar con calma durante un berrinche puede “malacostumbrar”. Mi respuesta corta es: no. El cariño no quita autoridad. Al contrario, puede ser la base para que los límites se entiendan mejor.
La crianza respetuosa y la disciplina positiva no son permisividad. Tampoco significan que todo se negocia o que las niñas y los niños deciden siempre. Significan educar con firmeza y con cariño, entendiendo que detrás de muchas conductas hay emociones, cansancio, hambre, necesidad de conexión o habilidades que todavía están en desarrollo.
El cariño no malcría
Los niños pequeños no regulan sus emociones como una persona adulta. Su cerebro todavía está aprendiendo a manejar frustración, espera, enojo, miedo y cambios de plan. Por eso, cuando se desbordan, necesitan una persona adulta que les preste calma.
A esto le llamamos co-regulación: yo, como adulta, me regulo primero para poder acompañar. No es ceder. No es aplaudir la conducta. Es ayudarle a bajar la intensidad para que luego pueda aprender.
Por ejemplo, si tu hija grita porque no quiere salir del parque, puedes acercarte, ponerte a su altura y decir:
- “Sé que querías seguir jugando.”
- “Es difícil irnos cuando la estás pasando bien.”
- “Nos vamos ahora. Puedes caminar conmigo o te puedo alzar.”
Ahí hay validación y límite. Las dos cosas pueden existir al mismo tiempo.
Qué hacer durante un berrinche
Un berrinche no es el mejor momento para dar una gran explicación. En plena emoción, el niño no está listo para razonar mucho. Lo primero es seguridad, calma y pocas palabras.
Te recomiendo pensar en estos pasos:
- Revisa lo básico. ¿Tiene hambre, sueño, mucho estímulo, calor, dolor o cansancio?
- Baja tu tono de voz. No porque sea fácil, sino porque tu calma ayuda más que un sermón.
- Nombra la emoción. “Estás muy enojado porque querías eso.”
- Sostén el límite. “No voy a dejar que pegues.” “No vamos a comprar dulces ahora.”
- Ofrece una opción posible. “Puedes llorar conmigo aquí o sentarte en el sillón.”
No todos los niños quieren abrazo en ese momento. Algunos necesitan espacio cerca de ti. Otros sí buscan contacto físico. Lo importante es no abandonar emocionalmente ni reaccionar con violencia.
Si necesitas apartarte unos segundos para respirar y no gritar, también es válido. Puedes decir: “Voy a respirar aquí cerquita para calmarme y luego te ayudo”. Eso también enseña.
Límites claros, respetuosos y sostenibles
Un límite respetuoso no es una frase bonita. Es una guía clara que la persona adulta puede sostener.
A veces decimos “no hagas eso” muchas veces, pero sin explicar qué sí puede hacer o sin actuar. Otras veces ponemos límites imposibles de cumplir porque estamos agotadas: “nunca más vas a ver tele”, “si lloras, nos vamos para siempre”, “ya no te voy a comprar nada nunca”.
Los límites funcionan mejor cuando son:
- Concretos: “Los juguetes no se tiran a la cara.”
- Breves: demasiada explicación puede confundir.
- Anticipados: “En cinco minutos guardamos y vamos a bañarnos.”
- Coherentes: si hoy el límite existe y mañana no, cuesta más aprenderlo.
- Respetuosos: sin humillar, amenazar ni golpear.
También ayuda separar al niño de la conducta. No es lo mismo decir “eres malcriado” que decir “no voy a permitir que golpees”. La primera etiqueta lastima. La segunda orienta.
Reparar también es parte de educar
En la vida real, ninguna mamá ni ningún papá responde perfecto siempre. Hay días de cansancio, presión, correderas y poca paciencia. La disciplina positiva no busca familias perfectas. Busca adultos más conscientes.
Si gritaste, castigaste desde el enojo o dijiste algo que no querías, puedes reparar. La reparación no te quita autoridad. Te vuelve una figura segura.
Puedes decir:
- “Perdón, te grité. Estaba muy frustrada, pero no estuvo bien.”
- “El límite sigue siendo que no se pega, pero yo también voy a hablarte con respeto.”
- “Vamos a intentarlo de nuevo.”
Cuando una niña ve que una persona adulta reconoce un error, aprende responsabilidad, empatía y autocontrol. Eso vale mucho más que aparentar que siempre tenemos la razón.
También podemos reparar después del berrinche con una conversación corta, cuando ya pasó la tormenta: “¿Qué podemos hacer la próxima vez que te enojes mucho?”. Según la edad, pueden practicar respirar, pedir ayuda, apretar una almohada, dibujar o usar palabras sencillas como “estoy bravo”.
Cuándo consultar
Buscar apoyo no significa que estés fallando. A veces la familia necesita herramientas más específicas, especialmente si hay mucha tensión en casa o si las estrategias que antes funcionaban ya no ayudan.
Te recomiendo consultar si:
- Los berrinches son muy frecuentes, muy intensos o duran mucho y afectan la vida diaria.
- Hay golpes repetidos hacia sí mismo, hacia otras personas o hacia animales.
- Tu hijo parece muy angustiado, con cambios fuertes en sueño, alimentación o conducta.
- Hay regresiones importantes, como volver a hacerse pipí después de haberlo dejado, junto con estrés o cambios familiares.
- Tú sientes que estás perdiendo el control con frecuencia, gritas mucho o temes llegar a lastimar.
- En casa hay violencia, miedo o castigos físicos.
Si hay riesgo inmediato de daño, es importante buscar ayuda de emergencia o acudir al servicio de salud correspondiente.
Criar con respeto es un camino de práctica diaria. No se trata de hacerlo perfecto, sino de tener más herramientas para acompañar emociones, poner límites y construir una relación segura. Si quieres apoyo para manejar berrinches, rutinas y límites en casa, puedes escribirme o agendar una consulta de Crianza respetuosa y disciplina positiva.
Este artículo es informativo y no sustituye la valoración médica. Si tienes dudas sobre tu caso o el de tu bebé, consulta con tu médico.




